miércoles, 13 de abril de 2011

TRECE RUNAS

Trece runas de Michael Peinkofer:
scocia, siglo xix, un secreto y una oscura hermandad pueden cambiar la historia de Inglaterra.
Con la muerte en extrañas circunstancias de un ayudante del escritor Walter Scott arranca una serie de sucesos inquietantes. Pero las pesquisas que emprende sir Walter chocan repetidamente contra muros de silencio. ¿Qué esconde el inspector llegado ex profeso de Londres? ¿Qué secreto protegen desde hace siglos los monjes de la abadía de Kelso? ¿Qué presagios encierra la espada marcada con una runa a la que conducen las investigaciones de sir Walter y su sobrino Quentin?
Pronto culminará una maquinación por el poder cuyo origen se remonta a la Edad Media, una trama enraizada en oscuras tradiciones druídicas, en el antiguo enfrentamiento entre los héroes escoceses William Wallace –más conocido como Braveheart– y el rey Roberto I de Escocia, y en la lucha de dos sectas centenarias por evitar o provocar el nuevo advenimiento de la edad de la magia.

LA CASA DE LOS AMORES IMPOSIBLE

La novela arranca a finales del siglo XIX con la historia de Clara Laguna, una joven bellísima que vive en un pequeño pueblo castellano y se enamora hasta las trancas de un hacendado andaluz. La madre de Clara, hechicera de profesión, tuerta y contrahecha, advierte a su hija de la maldición de las mujeres Laguna: están condenadas al desamor y a parir hijas que perpetuarán esta pena. Clara desoye las advertencias de su madre y se queda embarazada, justo antes de que su apuesto pretendiente la abandone. Presa de la rabia y las ansias de venganza, Clara abre un burdel a las afueras del pueblo.

De esta forma comienza la historia de una estirpe condenada a la infelicidad. Cristina López Barrio ha sabido darle una vuelta de tuerca al manido realismo mágico, devolverle el interés y la calidad literaria, y ha creado unos personajes pintorescos y originales (mucha atención a los secundarios, ya que alguno de ellos merecería protagonizar otra novela). La escritura de la autora es tan auténtica que en determinados pasajes puedes oler el repugnante ambiente de una cocina de la Castilla de hace un siglo, donde la podredumbre se marida con el aroma de lo único que rodea a estas mujres y sobrevive a su condena letal: un jardín fecundo y fragante que enreda sus raíces en los cadáveres de las mujeres Laguna.